Ana y la casa de sus suenos
Ana y la casa de sus suenos —Me encantarÃa que viniera —dijo Ana, recobrando el dominio de sà misma—. Vivimos tan cerca una de otra, que tendrÃamos que ser amigas. Es el único defecto de Cuatro Vientos: no hay suficientes vecinos. Por lo demás, es perfecto.
—¿Le gusta?
—¿Gustarme? Me encanta. Es el lugar más hermoso que he visto en mi vida.
—Yo no he visto muchos lugares —dijo Leslie Moore en voz baja—, pero siempre he pensado que éste es muy bonito. A mÃ… a mà también me gusta mucho.
Su forma de hablar era como su apariencia: tÃmida y, al mismo tiempo, intensa. Ana tuvo la rara impresión de que aquella extraña muchacha, no podÃa evitar la palabra «muchacha», podrÃa decir muchas cosas, si quisiera.
—Yo vengo siempre a la costa —agregó.
—Yo también —dijo Ana—. Es raro que no nos hayamos encontrado antes.
—Es probable que usted venga más temprano que yo. Suelo venir bastante tarde. Y me encanta venir después de una tormenta, como hoy. No me gusta tanto el mar cuando está calmo y quieto. Me gusta la lucha, el choque de las aguas y el estruendo.