Ana y la casa de sus suenos
Ana y la casa de sus suenos —Ah, yo también soñé con un palacio una vez —dijo Ana—. Supongo que todas las chicas lo hacemos. Y después nos instalamos muy contentas en casas de ocho habitaciones que parecen colmar todos los deseos de nuestro corazón… porque allà está nuestro prÃncipe. Usted sà que deberÃa tener un palacio de verdad, es tan hermosa… PermÃtame que lo diga, tengo que decirlo, quiero expresarle mi admiración. Es la mujer más hermosa que he visto en mi vida, señora Moore.
—Si vamos a ser amigas, me gustarÃa que me llamaras Leslie —dijo la joven con un extraño apasionamiento.
—Cómo no. A mÃ, mis amigas me llaman Ana.
—Yo también creo que soy guapa —continuó Leslie, mirando el mar con expresión atormentada—. Odio mi belleza. Ojalá fuera tan oscura y fea como la más oscura y fea de las muchachas del pueblo de pescadores de ahà abajo. Bien, ¿qué te parece la señorita Cornelia?
El abrupto cambio de tema cerró la puerta a cualquier otra confidencia.
—La señorita Cornelia es encantadora, ¿no? —dijo Ana—. La semana pasada nos invitó a un suntuoso té en su casa. Habrás oÃdo hablar de mesas que gimen bajo el peso de las cosas.