Ana y la casa de sus suenos
Ana y la casa de sus suenos —La señora Harmon ha estado hablando de tu ajuar. Admite que es tan bonito como el de Jane, aunque dice que Jane se casó con un millonario y tú te casarás con «un pobre médico sin un centavo».
Ana rió.
—Mis vestidos son muy bonitos. A mà me gustan las cosas hermosas. Recuerdo el primer vestido bonito que tuve: aquel satinado de color castaño que me regaló Matthew para el concierto en el colegio. Todo lo que habÃa tenido antes era tan feo… Aquella noche me pareció que entraba en un nuevo mundo.
—Fue aquella noche cuando Gilbert recitó Bingen on the Rhine y te miró cuando dijo: «Hay otra, que no es una hermana». ¡Y tú estabas furiosa porque él se puso tu rosa de papel en el bolsillo de la chaqueta! En aquel momento no se te hubiera ocurrido que terminarÃas casándote con él.
—Bien, ése es otro ejemplo de predestinación —dijo Ana, riendo, y las dos bajaron juntas la escalera de la buhardilla.