Ana y la casa de sus suenos
Ana y la casa de sus suenos La señora Rachel suspiró pero en seguida recuperó el ánimo. Cuando las bodas eran como debÃan ser, la señora Rachel estaba dispuesta a permitir que los muertos enterraran a sus muertos.
—Voy a regalar a Ana dos de mis colchas de algodón —continuó diciendo—. Una con rayas color tabaco y la otra con hojitas de manzano. Ella dice que se están poniendo de moda otra vez. Bien, moda o no moda, no creo que haya nada más bonito para una cama de huéspedes que una colcha con hojitas de manzano, sÃ, señor. Voy a hacerlas lavar bien. Las hice guardar en bolsas de algodón después de la muerte de Thomas y seguro que estarán algo descoloridas. Pero todavÃa falta un mes y, si se ponen a blanquear al rocÃo, quedarán impecables.
¡Sólo un mes! Marilla suspiró y luego dijo, con orgullo: