Ana y la casa de sus suenos
Ana y la casa de sus suenos —¿Es usted, señora Blythe? —preguntó el capitán Jim—. Caramba, caramba, no deberÃa andar sola en una noche como ésta. PodrÃa perderse con esta niebla. Espere a que deje a Dick en la casa y volveré para acompañarla a cruzar el campo. No voy a permitir que cuando el doctor Blythe regrese a casa, se encuentre con que su mujer se ha caÃdo del cabo Leforce en medio de la niebla. Le pasó a una mujer, hace cuarenta años.
»Asà que ha venido a ver a Leslie —dijo, cuando se reunió con ella.
—No entré —dijo Ana, y le contó lo que habÃa visto. El capitán Jim suspiró.
—¡Pobre muchacha! No llora a menudo, señora Blythe, es demasiado valiente para llorar. Se tiene que sentir terriblemente mal cuando llora. Una noche como ésta ha de ser difÃcil para las pobres mujeres que tienen penas. Hay algo en esta noche que evoca todo lo que hemos sufrido… o temido.
—Está llena de fantasmas —dijo Ana, con un estremecimiento—. Por eso vine, querÃa estrechar una mano humana y oÃr una voz humana. Tengo la sensación de que hay tantas presencias no humanas esta noche… Hasta mi querida casita estaba llena de ellas. Me echaron, como quien dice. Por eso vine aquÃ, a buscar la compañÃa de mi especie.