Ana y la casa de sus suenos
Ana y la casa de sus suenos —Pero ha hecho bien en no entrar, señora Blythe. A Leslie no le habrÃa gustado. No le habrÃa gustado que hubiera entrado yo con Dick, lo que hubiera sucedido de no haberme encontrado con usted. Dick ha estado todo el dÃa conmigo. Me lo llevo todo lo que puedo para ayudar un poco a Leslie.
—¿No tiene algo raro en los ojos? —preguntó Ana.
—¿Se ha dado cuenta? SÃ, tiene un ojo azul y el otro castaño, el padre los tenÃa asÃ. Es una peculiaridad de los Moore. Por eso reconocà a Dick Moore cuando lo vi en Cuba. De no haber sido por los ojos, no lo habrÃa reconocido, con la barba y gordo como estaba. Ya sabrá que fui yo el que lo trajo de vuelta. La señorita Cornelia siempre dice que no tendrÃa que haberlo traÃdo, pero no estoy de acuerdo con ella. Era lo correcto; no podÃa hacer otra cosa. No me cuestiono nada con respecto a eso. Pero mi viejo corazón se compadece de Leslie. Sólo tiene veintiocho años y ha sufrido más que la mayorÃa de las mujeres de ochenta.
Siguieron en silencio. Al cabo de un rato, Ana dijo: