Ana y la casa de sus suenos
Ana y la casa de sus suenos —A mà me parece que demasiado a menudo, créeme. Pero no me extraña que un hombre disculpe a otro. No me interesa Robert Baxter. Se hizo metodista sólo porque el coro presbiteriano estaba cantando He ahà al novio que entra cuando Margaret y él entraban por el pasillo central, el domingo siguiente a la boda. ¡Les estuvo bien empleado por llegar tarde! Siempre insistió que el coro lo habÃa hecho a propósito para insultarlo, como si él fuera tan importante. Pero esa familia siempre se creyó mucho más de lo que en realidad era. Su hermano Eliphalet se imaginaba que tenÃa siempre al diablo detrás, pero yo jamás creà que el diablo gastara tanto tiempo con él.
—No lo sé… —dijo el capitán Jim, pensativo—. Eliphalet Baxter vivió demasiado tiempo solo, no tenÃa ni siquiera un perro o un gato para seguir siendo humano. Cuando un hombre está solo, tiene muchas probabilidades de estar con el diablo si no está con Dios. Supongo que tiene que escoger qué compañÃa quiere. Si el diablo siempre estaba detrás de Life Baxter, habrá sido porque a Life le gustaba tenerlo.
—Muy masculino —dijo la señorita Cornelia.
Guardó silencio y se concentró en unos complicados frunces hasta que el capitán Jim deliberadamente la hizo reaccionar al comentar, como de pasada:
—Estuve en la iglesia metodista el domingo pasado por la mañana.