Ana y la casa de sus suenos
Ana y la casa de sus suenos —Se remonta a la iglesia nueva, hace tres años —respondió el capitán Jim—. Tuvimos muchas dificultades con la construcción de la iglesia, hubo peleas por el nuevo emplazamiento. Los dos posibles lugares no distaban más de doscientos metros el uno del otro pero, a juzgar por lo encarnizado de la lucha, parecÃa que fueran mil. Nos dividimos en tres facciones: una querÃa la ubicación del este, otra la del sur y otra la antigua. Se luchó en la cama, en la mesa, en la iglesia y en el mercado. Todos los escándalos, desde tres generaciones atrás, fueron sacados de sus tumbas y aireados. Se rompieron tres noviazgos. ¡Y las reuniones que mantuvimos para resolver la cuestión! Cornelia, ¿podrás alguna vez olvidar cuando el viejo Luther Burns se levantó y pronunció un discurso? Él expresó sus opiniones con fuerza.
—Llama a las cosas por su nombre, capitán. Lo que quieres decir es que se puso furioso y la tomó con todos. Se lo merecÃan… montón de inútiles. Pero ¿qué puede esperarse de un comité de hombres? El comité para la construcción del nuevo edificio mantuvo veintisiete reuniones y, al terminar la última, no estaban más cerca de tener una iglesia que al comenzar. A decir verdad, estaban más lejos, porque en un ataque por apresurar las cosas, se pusieron a trabajar y tiraron abajo la vieja iglesia, de modo que no tenÃamos iglesia y ningún lugar donde rezar que no fuera la sala de reuniones.