Ana y la casa de sus suenos
Ana y la casa de sus suenos —Creo que he contraÃdo el hábito de disfrutar de las cosas —explicó una vez cuando Ana comentó su invariable buen humor—. Se ha vuelto tan crónico, que creo que disfruto hasta de las cosas desagradables. Es muy divertido pensar que no pueden durar. «Viejo reumatismo —digo, cuando me agarra fuerte—, alguna vez tendrás que dejar de dolerme. Cuanto más me duelas, antes me abandonarás, supongo. Voy a ganarte la partida al final, ya sea dentro del cuerpo o fuera de él».
Una noche, junto al fuego del faro, Ana vio el «libro de la vida» del capitán Jim. No habÃa que insistir mucho para que lo mostrara y se lo dio para que lo leyera, muy orgulloso.
—Lo escribo para dejárselo al pequeño Joe —dijo—. No me gusta la idea de que todo lo que he hecho y visto se olvide completamente cuando yo haya zarpado en mi último viaje. Joe lo recordará y les contará las historias a sus hijos.