Ana y la casa de sus suenos
Ana y la casa de sus suenos —Ah, sé que he sido muy egoÃsta —suspiró Ana—. Amo a Gilbert más que nunca, y por él quiero vivir. Pero me parece como si una parte de mà estuviera enterrada allÃ, en aquella pequeña tumba, y me duele tanto que le tengo miedo a la vida.
—No te dolerá siempre asÃ, Ana.
—Pensar que puede dejar de dolerme a veces me duele más que todo lo otro, Marilla.
—SÃ, lo sé, yo también he sentido lo mismo en alguna ocasión. Pero todos te queremos, Ana. El capitán Jim ha venido todos los dÃas a preguntar por ti, la señora Moore ronda como un alma en pena por aquà y la señorita Bryant pasa casi todo el dÃa cocinándote cosas ricas. A Susan no le gusta mucho. Dice que ella cocina tan bien como la señorita Bryant.
—¡Querida Susan! Ah, todos han sido tan buenos y pacientes conmigo, Marilla. No soy desagradecida y, tal vez, cuando este horrible dolor se aplaque un poco, tal vez descubra que puedo seguir viviendo.