Ana y la casa de sus suenos
Ana y la casa de sus suenos —Por supuesto —dijo Ana, con gentileza. No sabÃa quién era «la perdida Margaret», pero imaginó que escucharÃa la historia del romance vivido por el capitán Jim.
—Muchas veces he querido hablarle de ella —continuó el capitán Jim—. ¿Sabe por qué, señora Blythe? Porque quiero que alguien la recuerde y piense en ella a veces, cuando yo me haya ido. No puedo soportar la idea de que todos los seres vivientes olviden su nombre. Y ahora nadie recuerda a Margaret, salvo yo.
Entonces, el capitán Jim contó la historia, una historia vieja, olvidada, pues habÃan pasado más de cincuenta años desde que Margaret se habÃa quedado dormida un dÃa en el bote de su padre y el bote se fue a la deriva, o eso se supuso, pues nunca se supo nada con certeza sobre su muerte, fuera del canal, más allá del banco, en la negra borrasca que sobrevino de improviso aquella tarde de verano de hacÃa tanto tiempo. Pero para el capitán Jim, aquellos cincuenta años no eran más que el dÃa de ayer.