Ana y la casa de sus suenos
Ana y la casa de sus suenos —¡Ah, me alegro! No podrÃa vivir en un lugar donde no hubiera árboles, algo en mà morirÃa de sed. Bien, después de eso, no tiene sentido que te pregunte si hay algún arroyito cerca. SerÃa pedir demasiado.
—Pero sà lo hay y hasta cruza por un rincón del jardÃn.
—Entonces —dijo Ana con un largo suspiro de satisfacción—, esa casa que has encontrado y ninguna otra es «mi casa de los sueños».