Ana y la casa de sus suenos
Ana y la casa de sus suenos La llegada de Owen Ford
Una tarde, la señorita Cornelia llamó a Ana por teléfono.
—El escritor acaba de llegar. Lo acompañaré hasta tu casa y tú puedes indicarle cómo llegar a casa de Leslie. Es más corto que ir en coche por el otro camino y tengo una prisa mortal. Al niño de los Reese se le ha ocurrido caerse en un balde de agua caliente en Glen y casi se ha quemado vivo. Quieren que vaya en seguida, supongo que para ponerle piel nueva a la criatura. La señora Reese es muy descuidada y espera que los demás reparen sus errores. No te importa, ¿verdad, querida? El equipaje puede ir mañana.
—Muy bien —dijo Ana—. ¿Cómo es, señorita Cornelia?
—Ya verás cómo es por fuera cuando lo lleve. En cuanto a cómo es por dentro, sólo el Señor, que lo hizo, lo sabe. No voy a decir otra palabra, porque todos los teléfonos de Glen están descolgados.
—Evidentemente la señorita Cornelia no pudo encontrar nada malo en el aspecto del señor Ford, o lo habrÃa dicho a pesar de todos los teléfonos —dijo Ana—. Llego a la conclusión, por lo tanto, Susan, de que ese señor es más bien buen mozo que lo opuesto.
