Ana y la casa de sus suenos
Ana y la casa de sus suenos —¡El hijo de Alice Selwyn! ¡Dios! ¡Es usted muy bienvenido! Me he preguntado miles de veces dónde vivirÃan los descendientes del maestro. SabÃa que no habÃa ninguno en la isla. Alice… Alice, la primera criatura que nació en esa casita. ¡Ninguna criatura trajo jamás tanta alegrÃa! La he tenido tantas veces en brazos. Fue conmigo con quien dio los primeros pasitos. Veo la cara de la madre, vigilándola, y hace casi sesenta años. ¿Vive todavÃa?
—No, murió cuando yo era niño.
—Ah, no parece correcto estar vivo para oÃr eso —suspiró el capitán Jim—. Pero me alegro de corazón de verlo. Por un momento, me ha devuelto mi juventud. Usted todavÃa no sabe qué gran bendición es eso. La señora Blythe tiene esa habilidad, y a menudo lo hace para mÃ.
El capitán Jim se entusiasmó aún más al enterarse de que Owen Ford era lo que él llamaba «un escritor de verdad». Lo miraba como a un ser superior. El capitán Jim sabÃa que Ana escribÃa, pero nunca habÃa tomado este hecho con demasiada seriedad. El capitán Jim creÃa que las mujeres eran criaturas deliciosas, a quienes debÃa dárseles el voto y cualquier otra cosa que quisieran, benditas sean; pero él no las creÃa capaces de escribir.