Ana y la casa de sus suenos
Ana y la casa de sus suenos Era la mejor historia del capitán Jim. Era una mezcla de horror y humor y, aunque Ana la había oído varias veces, se rió con tantas ganas y se estremeció con tanto miedo como el señor Ford. Siguieron otras historias, pues el capitán Jim tenía un público completamente de su agrado. Les habló de cuando su barco había sido llevado por delante por un vapor, de cuando fue abordado por piratas malayos, de cuando se le incendió el barco, de cuando ayudó a un prisionero político a escapar de una república sudamericana, de cuando un otoño naufragó en las Magdalenas y quedó varado todo el invierno, de cuando se escapó un tigre a bordo de su barco, de cuando su tripulación se amotinó y lo abandonó en una isla desierta… éstas y muchas otras historias, trágicas, graciosas o grotescas, relató el capitán Jim. El misterio del mar, la fascinación de tierras lejanas, la tentación de la aventura, la risa del mundo: sus oyentes sintieron y experimentaron todo esto. Owen Ford escuchaba, con la cabeza apoyada en una mano y Segundo Oficial ronroneándole sobre las rodillas, con los ojos brillantes clavados en el rostro arrugado y elocuente del capitán Jim.
—¿Por qué no le enseña al señor Ford su libro de la vida, capitán Jim? —preguntó Ana, cuando por fin el capitán Jim declaró que por el momento bastaba de narraciones.