Ana y la casa de sus suenos
Ana y la casa de sus suenos La confesión de Owen Ford
—Lamento mucho que Gilbert no esté —dijo Ana—. Tuvo que irse. Alian Lyons, de Glen, ha tenido un grave accidente. No es probable que regrese a casa hasta muy tarde. Pero me pidió que le dijera que estará levantado bien temprano mañana por la mañana para verlo antes de que se vaya. Es una verdadera lástima. Susan y yo habÃamos planeado una fiesta para su última noche aquÃ.
Ella estaba sentada junto al arroyo del jardÃn, sobre un pequeño asiento rústico construido por Gilbert. Owen Ford estaba de pie frente a ella, apoyado contra la columna de bronce de un abedul amarillo. Estaba muy pálido y su rostro dejaba ver las huellas de una noche en vela. Mirándolo, Ana se preguntó si, después de todo, el verano le habÃa dado la fuerza que se suponÃa debÃa darle. ¿HabrÃa trabajado demasiado con el libro? Recordó que hacÃa una semana que no tenÃa buen aspecto.
