Ana y la casa de sus suenos
Ana y la casa de sus suenos —No, no, a menos que lo haya adivinado. No me creerá tan sinvergüenza como para decÃrselo, señora Blythe. No pude evitar enamorarme de ella, eso es todo, y mi dolor es más de lo que puedo soportar.
—¿Ella está interesada en usted? —preguntó Ana. Apenas habÃa salido la pregunta de sus labios, sintió que no hubiera debido formularla. Owen Ford le respondió con intensa protesta.
—No, no, por supuesto que no. Pero yo podrÃa hacer que se interesara en mÃ; si ella fuera libre, sé que podrÃa.
«Le interesa y él lo sabe», pensó Ana. En voz alta dijo, comprensiva pero con determinación.
—Pero no es libre, señor Ford. Y lo único que usted puede hacer es irse en silencio y dejarla con su vida.