Ana y la casa de sus suenos

Ana y la casa de sus suenos

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»¿Quién dice que no tenemos talento poético en la isla? ¿Te has dado cuenta de la cantidad de gente buena que se muere, querida Ana? Es una lástima. Aquí hay diez notas necrológicas, y cada uno de los fallecidos fueron santos ejemplos, incluso los hombres. Aquí está el viejo Peter Stimson, que «ha dejado un amplio círculo de amigos para lamentar su prematura desaparición». Señor, ese hombre tenía ochenta años, y todos los que lo conocían hace más de treinta que deseaban que se muriera. Lee las notas necrológicas cuando estés triste, Ana querida, en especial las de la gente que conocías. Si tienes un mínimo sentido del humor, te levantarán el ánimo, créeme. Ojalá me encargaran a mí escribir las notas necrológicas de algunos. «Necrológica» es una palabra espantosa, ¿no? Este Peter del que te hablaba tenía cara necrológica. Apenas lo vi, pensé en la palabra necrológica de inmediato. Hay sólo una expresión más fea, que yo conozca, y es «extinta esposa». Cielo santo, Ana, soy una vieja solterona, pero ahí también radica mi consuelo: jamás seré la «extinta esposa» de ningún hombre.






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