Ana y la casa de sus suenos
Ana y la casa de sus suenos —¿Qué? —preguntó, divertida—. Estás muy solemne, Gilbert. Te aseguro que hoy no he hecho nada malo. Pregúntale a Susan.
—No es de nosotros de quien quiero hablar. Es sobre Dick Moore.
—¿Dick Moore? —repitió Ana, y se incorporó, alerta—. ¿Por qué? ¿Qué tienes que decirme sobre Dick Moore?
—Estos últimos dÃas he pensado mucho en él. ¿Te acuerdas cuando el verano pasado lo traté de esos forúnculos en la nuca?
—SÃ.
—Bueno, aproveché la oportunidad para revisarle bien las cicatrices de la cabeza. Dick siempre me pareció un caso muy interesante desde el punto de vista médico. Últimamente he estado estudiando la historia de la trepanación y los casos en los que ha sido empleada. Ana, he llegado a la conclusión de que si Dick Moore fuera llevado a un buen hospital y se le practicara esa operación en varios puntos del cráneo, podrÃa recuperar la memoria y sus facultades.
—¡Gilbert! —La voz de Ana fue de alarma—. ¡No hablarás en serio!
—Por supuesto que sÃ. Y he decidido que es mi deber plantearle el tema a Leslie.