Ana y la casa de sus suenos
Ana y la casa de sus suenos —No es probable, ya que no dice nada más —dijo Gilbert—. Utiliza la palabra «éxito» desde el punto de vista del cirujano. Se llevó a cabo la operación y los resultados fueron normales. Pero es demasiado pronto para saber si las facultades de Dick se recuperarán, total o parcialmente. No es probable que la memoria le vuelva de repente. El proceso será gradual, si es que tiene lugar. ¿Es todo lo que dice?
—SÃ, ahà está la carta. Es muy breve. Pobrecita, estará sufriendo una presión muy grande. Gilbert Blythe, hay un montón de cosas que me muero por decirte, pero serÃa una mezquindad de mi parte.
—La señorita Cornelia las dice por ti —dijo Gilbert con una amarga sonrisa—. Me riñe siempre que la encuentro. Me hace saber claramente que me cree apenas mejor que un asesino y que considera una gran pena que el doctor Dave me haya permitido tomar su lugar. Llegó a decirme que el médico metodista del otro lado del puerto serÃa preferible a mÃ. Con la señorita Cornelia la fuerza de la condena no puede avanzar más.
—Si Cornelia Bryant enfermara, no serÃa al doctor Dave ni al médico metodista a quien mandarÃa a buscar —dijo Susan, despectiva—. Lo harÃa levantar de su bien ganado descanso en mitad de la noche, querido doctor, claro que sÃ. Y luego probablemente dirÃa que sus honorarios son exorbitantes. Pero no se preocupe por ella, querido doctor. Hay de todo en la viña del Señor.