Ana y la casa de sus suenos
Ana y la casa de sus suenos »George era un muchacho agradable, aunque muy travieso, y hay quien dice que ya entonces le gustaba la botella. Pero todos lo querÃan mucho más que a Dick. Estuvo alrededor de un mes aquÃ. Leslie nunca lo vio; ella tendrÃa unos ocho o nueve años, y ahora recuerdo que pasó todo aquel invierno al otro lado del puerto, con su abuela West. El capitán Jim tampoco estaba; aquel invierno habÃa naufragado en las Magdalenas. No creo que ni él ni Leslie hayan sabido jamás que el primo de Nueva Escocia se parecÃa tanto a Dick. Nadie pensó en él cuando el capitán Jim trajo a Dick, a George, mejor dicho, a casa. Claro que todos pensamos que Dick habÃa cambiado mucho; estaba tan pesado y gordo. Pero achacamos eso a lo que le habÃa sucedido, y sin duda ésa fue la razón porque, como te decÃa, George tampoco era gordo antes. Y no habÃa otra manera para averiguarlo, porque el hombre habÃa perdido completamente el juicio. No me extraña que todos hayamos sido engañados. Pero es desconcertante. ¡Y Leslie ha sacrificado los mejores años de su vida cuidando a un hombre que no tenÃa ningún derecho sobre ella! ¡Ah, malditos sean los hombres! Hagan lo que hagan, lo hacen mal. Y sean quienes sean, son quienes no deberÃan ser. Me exasperan.
—Gilbert y el capitán Jim son hombres, y gracias a ellos se ha descubierto la verdad —dijo Ana.