Ana y la casa de sus suenos
Ana y la casa de sus suenos —SÃ. La hermana de George fue a buscarlo a Montreal y se lo llevó a su casa. Pobre hombre, le daba pena separarse de mÃ, aunque fui una extraña para él en el primer momento. Se aferró a mà en esos difÃciles dÃas primeros, cuando intentaba comprender que la muerte de Dick no era cosa del dÃa anterior, como a él le parecÃa. Fue todo muy difÃcil para él. Yo lo ayudé todo lo que pude. Cuando llegó la hermana, fue más fácil, porque a él le parecÃa que habÃa dejado de verla apenas unos dÃas antes. Por suerte, ella no ha cambiado mucho y eso también lo ayudó.
—Es todo tan extraño y tan maravilloso, Leslie. Creo que ninguno de nosotros se da cuenta todavÃa.
—Yo no puedo. Cuando entré en casa hace una hora, sentà que tenÃa que ser un sueño, que Dick tenÃa que estar allÃ, con su sonrisa infantil, como estuvo tanto tiempo. Ana, todavÃa me siento aturdida. No me alegro ni me apeno ni nada. Me siento como si de pronto hubieran arrancado algo de mi vida y hubieran dejado un espantoso agujero. Siento como si no pudiera ser yo, como si fuera otra persona y no pudiera acostumbrarme. Tengo una horrible sensación de soledad, de aturdimiento, de impotencia. Me hace bien verte otra vez, me parece que eres una especie de ancla para mi alma a la deriva.