Ana y la casa de sus suenos
Ana y la casa de sus suenos —Prácticamente. Claro que hay muchos detalles que no puede recordar todavÃa, pero recuerda más y más cada dÃa. Salió a caminar al dÃa siguiente del entierro de Dick. TenÃa encima el dinero y el reloj de Dick (querÃa traérmelos) junto con mi carta. Admite haber ido a un lugar frecuentado por marineros, y recuerda haber bebido, y nada más. Ana, jamás olvidaré el momento en que recordó su propio nombre. Lo vi mirarme con una expresión inteligente pero intrigada. Le pregunté: «¿Me conoces, Dick?». Y él me respondió: «En mi vida la he visto. ¿Quién es usted? Y mi nombre no es Dick. Yo me llamo George Moore. ¡Dick murió ayer de fiebre amarilla! ¿Dónde estoy? ¿Qué me ha pasado?». Me… me desmayé, Ana. Y desde entonces, no he dejado de sentirme como en un sueño.
—Pronto te acostumbrarás a este nuevo estado de cosas, Leslie. Y eres joven, tienes toda la vida por delante, vivirás muchos años hermosos.