Ana y la casa de sus suenos
Ana y la casa de sus suenos —Con bastante serenidad, señora Blythe, con bastante serenidad. Me dijo: «Bien, la Providencia envía períodos de humillación a los países, así como a los individuos. Ustedes, los liberales, han pasado frío y hambre durante muchos años. Apresúrense a calentarse y alimentarse, porque no durarán mucho en el poder». Y yo le dije: «Vamos, Cornelia, tal vez la Providencia piensa que Canadá necesita una buena dosis de humillación». Ah, Susan, ¿se ha enterado de la noticia? Han ganado los liberales.
Susan acababa de venir desde la cocina, seguida del aroma a platos deliciosos que siempre parecía envolverla.
—¿No me diga? —dijo, con hermosa indiferencia—. Bien, a mí el pan no me leva ni más ni menos con los liberales o sin ellos. Y si algún partido, querida señora, consigue que llueva antes de que termine la semana y nos salva el huerto de la ruina absoluta, ése es el partido por el que Susan votará de ahora en adelante. Entretanto, ¿querría venir un momento y darme su opinión sobre la carne para la cena? Temo que es muy dura, y pienso que además de cambiar de gobierno, podríamos cambiar de carnicero.