Ana y la casa de sus suenos

Ana y la casa de sus suenos

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—No habrá dicho nada para disfrutar de la broma. No se preocupe si lo ha tratado mal; a él le parecerá divertido. Sí, Marshall se ha afeitado la barba por fin y se ha cortado el pelo. Su partido ha ganado, ¿sabe? Ni siquiera yo le reconocí la primera vez que lo vi. Él estaba en la tienda de Cárter Flagg, en Glen, la noche siguiente a las elecciones, con muchos otros, esperando las noticias. A eso de las doce llegó la noticia: los liberales habían ganado. Marshall se levantó y salió, no gritó ni festejó, dejó que los otros lo hicieran; y los otros casi levantaron el techo de la tienda de Cárter, le digo. Claro que todos los conservadores estaban en la tienda de Raymond Russell. Allí no hubo muchos vítores. Marshall fue directamente calle abajo hasta la puerta lateral de la barbería de Augustus Palmer. Augustus estaba en la cama, durmiendo, pero Marshall golpeó la puerta hasta hacerlo levantar y bajar para preguntar a qué se debía tanto escándalo.

»—Ven a tu negocio y haz el mejor trabajo de tu vida, Gus —dijo Marshall—. Los liberales ganaron y vas a atender a un buen liberal antes de que salga el Sol.

»Gus se puso furioso, en parte porque lo habían arrancado de la cama, pero sobre todo porque es conservador. Juró que no afeitaría a ningún hombre antes de las doce de la mañana.


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