Ana y la casa de sus suenos
Ana y la casa de sus suenos —No. Marshall me sobrevivirá. Los Elliott son longevos y los Bryant, no.
—¿Cuándo se casarán? —preguntó Ana.
—Dentro de un mes, más o menos. Mi vestido de novia será de seda color azul marino. Y quiero preguntarte, Ana querida, si te parece que quedarÃa bien usar velo con un vestido azul marino. Siempre pensé que me gustarÃa usar velo, si alguna vez me casaba. Marshall dice que lo lleve, si es lo que quiero. ¿No es tÃpico de un hombre?
—¿Por qué no llevarlo, si quiere? —preguntó Ana.
—Bien, una no quiere ser diferente de los demás —dijo la señorita Cornelia, que no se parecÃa, y era notorio, a nadie más en la faz de la Tierra—. Como decÃa, me gustarÃa llevar un velo. Pero tal vez no deba usarse con ningún vestido que no sea blanco. Por favor, dime, Ana querida, lo que piensas en realidad. Seguiré tu consejo.
—Yo creo que, por lo general, no se usa velo si no es con vestido blanco —admitió Ana—, pero eso no es más que una convención y yo soy como el señor Elliott, señorita Cornelia. No veo una buena razón para que no use velo, si quiere.
Pero la señorita Cornelia, que iba de visita con chales de percal, negó con la cabeza.