Ana y la casa de sus suenos
Ana y la casa de sus suenos —Algunas noches hay un extraño perfume que vuela en el aire de este jardÃn, como un perfume fantasma —dijo Owen—. Nunca he podido descubrir de qué flor proviene. Es esquivo, penetrante y deliciosamente dulce. Me gusta imaginar que es el alma de la abuela Selwyn que viene a hacer una pequeña visita al viejo lugar que tanto amó. Seguramente hay muchos fantasmas amistosos en esta vieja casita.
—Yo he vivido sólo un mes bajo este techo —dijo Leslie—, pero amo esta casa más que la casa donde he vivido toda mi vida.
—Esta casa fue construida y santificada por el amor —dijo Owen—. Casas asà deben ejercer una influencia sobre aquellos que viven en ellas. Y este jardÃn tiene más de sesenta años de antigüedad y la historia de mil esperanzas y alegrÃas está escrita en sus flores. Algunas de esas flores fueron plantadas por la novia del maestro y hace treinta años que ella murió. Sin embargo, siguen floreciendo todos los veranos. Mira esas rosas rojas, Leslie: ¡los aires de reinas que se dan sobre las demás!
—A mà me encantan las rosas rojas —dijo Leslie—. A Ana le gustan más las rosadas y a Gilbert las blancas. Pero a mà me gustan las rojas. Satisfacen alguna ansia en mÃ, como ninguna otra flor.