Ana y la casa de sus suenos
Ana y la casa de sus suenos Gilbert fue hasta el sofá y se inclinó un momento sobre él. Luego se incorporó.
—SÃ, duerme… —dijo en voz baja—. Ana, el capitán Jim ha cruzado el banco de arena.
No pudieron saber con exactitud a qué hora habÃa muerto, pero Ana siempre creyó que se habÃa hecho realidad su deseo y que habÃa muerto cuando la mañana llegaba a través del golfo. Su espÃritu partió con la brillante marea, por el mar del amanecer, ese mar de perlas y plata, hacia el puerto donde esperaba, más allá de las tormentas y las calmas, la perdida Margaret.