Ana y la casa de sus suenos
Ana y la casa de sus suenos —Ah, bien, tal vez sea una superstición, pero tal vez no, mi querido doctor. Yo lo único que sé es que ha pasado. El gato de la esposa del sobrino del marido de mi hermana aspiró el aliento a su niño y el pobre inocente estaba casi muerto cuando lo encontraron. Y, superstición o no, si encuentro a esa bestia amarilla cerca de nuestro bebé, le pego con el atizador, mi querida señora.
El señor Marshall Elliott y señora vivÃan confortable y armoniosamente en la casa verde. Leslie estaba ocupada cosiendo, pues ella y Owen se casarÃan en Navidad. Ana se preguntó qué harÃa cuando se fuera Leslie.
—Siempre hay cambios. Justo cuando las cosas están verdaderamente bien, cambian —dijo, con un suspiro.
—La vieja casa de los Morgan, en Glen, está en venta —dijo Gilbert, a propósito de nada en especial.
—¿Ah, s� —preguntó Ana, indiferente.
—SÃ. Ahora que el señor Morgan ha muerto, la señora Morgan quiere vivir con sus hijos en Vancouver. La venderá barata, porque una casa tan grande en una ciudad tan pequeña como Glen no será fácil de vender.