Ana y la casa de sus suenos
Ana y la casa de sus suenos —Gilbert, ¿quién es esa muchacha? —preguntó Ana en voz baja.
—No he visto ninguna muchacha —dijo Gilbert, que solamente tenÃa ojos para su esposa.
—Estaba junto al portón… No, no mires atrás. Está mirándonos. Nunca he visto un rostro tan hermoso.
—No recuerdo haber visto ninguna muchacha hermosa cuando estuve aquÃ. Hay algunas muchachas bastante guapas en Glen, pero no creo que se las pueda llamar hermosas.
—Ésta lo es. Si la hubieras visto la recordarÃas. Nadie podrÃa olvidarla. Sólo he visto rostros asà en cuadros. ¡Y sus cabellos! Me hizo pensar en el «cordón de oro» y la «magnÃfica vÃbora» de Browning.
—Probablemente esté de visita en Cuatro Vientos; tal vez se aloje en el gran hotel que hay en el puerto.
—Llevaba un delantal blanco y arreaba gansos.
—Puede hacerlo para divertirse. Mira, Ana, nuestra casa.