Ana y la casa de sus suenos
Ana y la casa de sus suenos —Probable, probable —admitió el capitán Jim—. Eso es lo que yo le dije en aquel momento. Era muchÃsimo más cómodo creer eso. No me gustaba la idea de que viera cosas asÃ, era muy misterioso.
»—No. No lo soñé. Pero no volveremos a hablar de esto. Si piensas demasiado en eso dejarás de ser amigo mÃo —me dijo.
»Le dije que nada harÃa que fuera menos amigo suyo. Pero sacudió la cabeza y dijo:
»—Muchacho, yo sé lo que te digo. No culpo a nadie. Hay momentos en que no me gusto a mà mismo. Un poder asà tiene algo de divino, pero ¿quién puede decir si proviene de Dios o del diablo? Y nosotros, los mortales, rehuimos un contacto demasiado estrecho con Dios o con el diablo.
ȃsas fueron sus palabras. Las recuerdo como si hubiera sucedido ayer, aunque no sabÃa bien qué querÃa decir. ¿Qué piensa usted que quiso decir, doctor?
—Dudo de que él mismo supiera lo que querÃa decir —dijo el doctor Dave, irritado.
—Yo creo entender —susurró Ana. Escuchaba con los labios apretados y los ojos brillantes.
El capitán Jim esbozó una sonrisa de admiración antes de continuar con su historia.