Ana y la casa de sus suenos
Ana y la casa de sus suenos —Hice un buen trabajo anoche, Ana —dijo Gilbert en voz baja—. Gracias a Dios, salvé una vida. Es la primera vez que de verdad puedo decir eso. En otros casos, he ayudado. Pero, Ana, si no me hubiera quedado en casa de los Allonby anoche y no hubiera luchado mano a mano con la muerte, esa mujer habrÃa fallecido antes de la mañana. Probé un experimento que, por cierto, nunca habÃa sido intentado en Cuatro Vientos. Dudo de que haya sido intentado en ningún lugar fuera de un hospital. Era una novedad en el hospital de Kingston el invierno pasado. No me habrÃa atrevido a probarlo aquà de no ser porque tenÃa la certeza absoluta de que no habÃa ninguna otra posibilidad. Me arriesgué y tuve éxito. Como resultado, una buena esposa y madre ha sido salvada para vivir muchos años de felicidad y servicio. Mientras volvÃa a casa esta mañana, el sol salÃa por detrás del puerto y di gracias a Dios por haberme permitido elegir esta profesión. HabÃa luchado una buena pelea y la habÃa ganado, piénsalo, Ana, la habÃa ganado, contra la Gran Destructora. Es lo que soñé realizar hace mucho tiempo, cuando hablábamos de lo que querÃamos hacer en la vida. Aquel sueño mÃo se ha hecho realidad esta mañana.
—¿Es ése el único de tus sueños que se ha hecho realidad? —preguntó Ana, que sabÃa perfectamente bien cuál serÃa su respuesta pero querÃa volver a oÃrla.