Ana y la casa de sus suenos
Ana y la casa de sus suenos —La casa está perfecta —le dijo a Ana—. Nunca estuvo tan bonita. La señora de Selwyn tenÃa buen gusto e hizo maravillas, pero en aquella época la gente no tenÃa las cortinas, los cuadros y chucherÃas que tiene usted. En cuanto a Elizabeth, ella vivÃa en el pasado. Usted trajo el futuro a esta casa, por decirlo de alguna manera. Yo serÃa muy feliz viniendo aquà aunque no hablásemos, si pudiera sentarme y mirarla a usted y a sus cuadros, sus flores; serÃa toda una fiesta. Está hermoso, hermoso.
El capitán Jim era un apasionado adorador de la belleza. Cada cosa hermosa que oÃa o veÃa le proporcionaba un profundo y sutil regocijo interior que se manifestaba en su vida entera. Era muy consciente de su falta de belleza fÃsica y lo lamentaba.
—La gente dice que soy bueno —comentó en una ocasión—, pero a veces desearÃa que el Señor me hubiera hecho la mitad de bueno y hubiera puesto el resto en mi aspecto. Pero, después de todo, supongo que Él sabÃa lo que hacÃa, como todo buen capitán. Algunos de nosotros tenemos que ser feos porque de lo contrario la gente guapa, como la señora Blythe, no resaltarÃa tanto.