El Valle del Arco Iris
El Valle del Arco Iris —A mà me encanta la historia del Flautista de Hammelin —dijo Di— y a mamá también. Siempre me da lástima el pobre niñito cojo que no pudo seguir a los otros y se quedó fuera de la montaña. Se sentirÃa tan desilusionado. Pienso que todo el resto de su vida se habrá preguntado qué cosa maravillosa se habÃa perdido y deseando haber podido entrar con los otros.
—Pero qué contenta que estarÃa su madre —agregó Una con suavidad—. Yo pienso que ella habÃa estado toda la vida triste porque el niñito era cojo. Tal vez lloraba por eso. Pero nunca más se pondrÃa triste. Se alegrarÃa de que fuera cojo porque por eso no lo habÃa perdido.
—Algún dÃa —manifestó Walter, soñador, mirando el cielo a lo lejos—, el Flautista de Hammelin vendrá por esa colina y bajará al Valle del Arco Iris tocando una alegre y dulce melodÃa. Y yo lo seguiré, lo seguiré hasta la costa, hasta el mar, lejos de todos vosotros. No creo que yo quiera ir, Jem sà querrá porque será una aventura increÃble, pero yo no querré ir. Pero no podré evitarlo, la música me llamará y me llamará hasta que no tenga más remedio que seguirlo.
—Iremos todos —exclamó Di, encendiéndose en el apasionamiento de la imaginación de Walter y creyendo en parte que alcanzaba a ver la figura burlona del mÃtico Flautista que se alejaba por el oscuro y lejano extremo del valle.