El Valle del Arco Iris
El Valle del Arco Iris —No. Vosotras os quedaréis sentadas aquÃ, esperando —indicó Walter, con sus grandes y espléndidos ojos llenos de un extraño brillo—. Esperaréis nuestro regreso. Y tal vez no volvamos, porque no podremos volver mientras el Flautista siga tocando. Puede que nos lleve por todo el mundo. Y vosotras seguiréis sentadas aquÃ, esperando.
—¡Ah, basta! —prorrumpió Mary, estremeciéndose—. No hables asÃ, Walter Blythe. Me das miedo. ¿Quieres que me ponga a llorar? Acabo de ver a ese horrible Flautista alejándose cada vez más, y a vosotros siguiéndolo, y nosotras las niñas sentadas aquÃ, solas. No sé por qué es, porque yo nunca he sido una llorona, pero apenas empiezas con tus historias, me dan ganas de llorar.
Walter sonrió, paladeando el triunfo. Le gustaba ejercer ese poder sobre sus compañeros, jugar con sus sentimientos, despertar sus temores, conmocionar sus almas. SatisfacÃa algún instinto dramático en él. Pero, por debajo de ese triunfo, experimentaba la extraña y frÃa sensación de un temor misterioso. El Flautista de Hammelin le habÃa parecido muy real, como si el delgado velo que ocultaba el futuro se hubiera descorrido por un momento en la noche iluminada por las estrellas del Valle del Arco Iris y se le hubiera permitido atisbar los años por venir.