El Valle del Arco Iris
El Valle del Arco Iris Al acercarse al grupo con un informe sobre los acontecimientos en la tierra de las hormigas, Carl los devolvió a todos al reino de la realidad.
—Las hormigas son muy interesantes —exclamó Mary, contenta de escapar de la esclavitud del sombrÃo Flautista—. Carl y yo estuvimos toda la tarde del sábado observando un hormiguero en el cementerio. Yo nunca pensé que esos bichos fueran tan interesantes. Son muy luchadoras; a algunas les encanta armar pelea sin ningún motivo. Y otras son cobardes. Se asustaban tanto que se doblaban contra sà mismas, haciéndose una pelota, y dejaban que las otras les pegaran. No presentaban pelea. Algunas son perezosas y no quieren trabajar. Vimos cómo eludÃan el trabajo. Y hubo una que se murió de pena porque otra se dejó morir: no quiso trabajar ni comer, asà que se murió, lo juro por di… as.
Se hizo un silencio. Todos sabÃan que Mary no iba a decir «dÃas». Faith y Di intercambiaron miradas que hubieran podido ser de la mismÃsima señorita Cornelia. Walter y Carl estaban incómodos, y a Una le temblaba el labio.
Mary se movió, también incómoda.
—Se me escapó, en serio; tan cierto como que estoy viva; y me tragué la mitad. Sois muy quisquillosos, me parece a mÃ. Me gustarÃa que hubierais escuchado a los Wiley cuando se peleaban.