El Valle del Arco Iris
El Valle del Arco Iris —No me parece que esta niña sea ni vaya a ser parecida a ti —replicó sombrÃa la señorita Cornelia—. Es un gato de otro color. Pero es también un ser humano con un alma inmortal a la que hay que salvar. Yo tengo un catecismo más breve y mano dura, y voy a cumplir con mi deber, ahora que la decisión está tomada, eso puedes creerlo.
Mary recibió la noticia con inmensa satisfacción.
—Es mejor suerte de la que esperaba —dijo.
—Tendrás que portarte bien con la señora Elliott —dijo Nan.
—Bueno, puedo hacerlo —replicó Mary—. Cuando quiero sé comportarme tan bien como tú, Nan Blythe, tenlo en cuenta.
—No debes decir palabras feas, recuérdalo, Mary —dijo Una con preocupación.
—Supongo que se morirÃa de espanto si digo alguna —dijo Mary, sonriendo y con un brillo nada santo en los ojos blancos—. Pero no te preocupes, Una. No se me va a escapar ni una. Seré modosita y discreta.
—Ni mentir —agregó Faith.
—¿Ni siquiera para salvarme de los azotes? —rogó Mary.
—La señora Elliott no te azotará nunca —exclamó Di.