El Valle del Arco Iris
El Valle del Arco Iris —Es la última vez —le señaló—, y esta noche está lloviendo; detesto dormir ahà arriba sola cuando llueve, por el cementerio. No me importa en las noches de buen tiempo, pero en una noche como ésta no se ve más que la lluvia que cae sobre esas viejas losas blancas y el viento en la ventana hace un ruido que parece como si los muertos quisieran entrar y gritan porque no pueden.
—A mà me gustan las noches lluviosas —dijo Una cuando estuvieron acurrucadas en el cuartito de la buhardilla—, y a las Blythe también.
—A mà no me molestan cuando no ando cerca de los cementerios. Si estuviera sola aquà no pararÃa de llorar de lo sola que me sentirÃa. Me da mucha pena dejaros.
—La señora Elliott te dejará venir a jugar en el Valle del Arco Iris a menudo, estoy segura. Y tú te vas a portar bien, ¿verdad, Mary?
—Ah, lo intentaré —prometió Mary con un suspiro—. Pero para mà no va a ser tan fácil ser buena, por dentro, digo, además de por fuera, como para vosotros. Vosotros no habéis tenido unos parientes tan sinvergüenzas como los mÃos.
—Pero seguro que tu familia tuvo alguna virtud además de defectos —argumentó Una—. Tienes que vivir según las virtudes y no tomar en cuenta los defectos.