El Valle del Arco Iris
El Valle del Arco Iris —La limpiaremos —exclamó—. Nos pondremos a trabajar mañana. Es una buena oportunidad, porque, estando en cama, la tÃa Martha no puede impedÃrnoslo. Tendremos todo limpito y precioso para cuando llegue papá, como estaba cuando se fue Mary. Cualquiera puede barrer, sacudir y limpiar ventanas. La gente no podrá hablar más de nosotros. Jem Blythe dice que los que hablan son sólo gatos viejos, pero duele tanto como si hablara todo el mundo.
—Espero que mañana haga un buen dÃa —dijo Una, llena de entusiasmo—. Ah, Faith, será espléndido tener todo limpio y ser iguales a las demás personas.
—Espero que el dolor de la tÃa Martha le dure hasta mañana —deseó Faith—. De lo contrario no podremos hacer nada.
El gentil deseo de Faith fue concedido. El dÃa siguiente halló a la tÃa Martha aún incapaz de levantarse. Carl también seguÃa enfermo y fue fácil convencerlo de que se quedara en la cama. Ni Faith ni Una sospecharon de la gravedad de la enfermedad del pobre muchachito; una madre vigilante habrÃa mandado de inmediato a buscar un médico, pero allà no habÃa ninguna madre y el pobrecito Carl, con la garganta dolorida, su dolor de cabeza y sus mejillas arreboladas, se enrolló en las sábanas retorcidas y sufrió solo, consolado en parte por la compañÃa de una lagartija verde que llevaba en el bolsillo de su camisón harapiento.