El Valle del Arco Iris
El Valle del Arco Iris El reverendo doctor Cooper predicaba en Glen St. Mary a la noche siguiente y la iglesia presbiteriana estaba repleta de gente de cerca y de lejos. El reverendo doctor era considerado un orador muy elocuente y, tomando en cuenta el viejo dicho de que un pastor debe llevar sus mejores ropas a la ciudad y sus mejores sermones al campo, dio un discurso muy erudito e impresionante. Pero cuando la gente se fue a su casa aquella noche no fue del sermón del doctor Cooper de lo que hablaron. Se habían olvidado completamente de él.
El doctor Cooper había finalizado con una ferviente llamada, se había enjugado la transpiración de la amplia frente y había dicho «Oremos». Hubo una breve pausa. En la iglesia de Glen St. Mary todavía se conservaba la antigua costumbre de hacer la colecta después del sermón y no antes, principalmente porque los metodistas habían adoptado la nueva moda primero y la señorita Cornelia y el vicario Clow no aceptarían jamás seguir una costumbre iniciada por los metodistas. Charles Baxter y Thomas Douglas, que tenían a su cargo pasar el platillo, estaban a punto de ponerse en pie. El organista había sacado la partitura del himno y los miembros del coro se habían aclarado la garganta. De pronto Faith Meredith se levantó del banco de la rectoría, avanzó hasta el púlpito y se volvió hacia la azorada audiencia.
