El Valle del Arco Iris
El Valle del Arco Iris —Se alojó con mi cuñado James Clow —dijo Susan—. «¿Cuántos hijos tiene?», le pregunté. «Nueve varones y una hermana para cada uno», me contestó. «¡Dieciocho! —exclamé yo—. ¡Cielo santo, qué familia!». Él no paraba de reÃr. Pero yo no entiendo por qué, mi querida señora, y no me cabe duda de que dieciocho niños son demasiados para cualquier rectorÃa.
—TenÃa sólo diez hijos, Susan —explicó la señorita Cornelia con desdén—. Y diez buenos niños no serÃan mucho peor para la rectorÃa y la congregación que los cuatro que tenemos ahora. Aunque yo no dirÃa, querida Ana, que son tan malos. A mà me gustan, les gustan a todos. SerÃan criaturas encantadoras si hubiera alguien que se ocupara de sus modales y les enseñara qué es lo correcto. Por ejemplo, en la escuela, el maestro dice que son niños modelo. Pero en casa se vuelven salvajes.
—¿Y la señora Meredith? —preguntó Ana.