El Valle del Arco Iris
El Valle del Arco Iris —Pero estaba limpio, mi querida señora —dijo Susan—. Esos niños andan limpios. Puede que sean descuidados y atolondrados, mi querida señora, pero nunca se olvidan de lavarse detrás de las orejas.
—Qué cosa que Faith se olvidara de que era domingo —insistió la señorita Cornelia—. Cuando crezca será tan descuidada y poco práctica como el padre, créanme. Supongo que Carl se habrÃa dado cuenta de no haber estado enfermo. No sé qué tenÃa, pero no me llamarÃa la atención que se debiera a comer esas moras que crecen en el cementerio. No es de extrañar que le hubieran hecho daño. Si yo fuera metodista, tratarÃa al menos de mantener mi cementerio limpio.
—Yo soy de la opinión de que Carl comió esos hierbajos amargos que crecen sobre el muro —dijo Susan, esperanzada—. No creo que el hijo de ningún pastor pudiera comer moras que crecen sobre las tumbas de los muertos. Usted sabe que no estarÃa tan mal, mi querida señora, comer algo que crece en el muro del cementerio.
—Lo peor de la actuación de anoche fue la mueca que hizo Faith a alguien de la congregación antes de empezar —continuó la señorita Cornelia—. El vicario Crow afirma que fue a él. ¿Te enteraste además de que hoy la han visto montada en un cerdo?