El Valle del Arco Iris
El Valle del Arco Iris —La esposa de Leander Crawford siempre llora en la iglesia —dijo Susan con desdén—. Llora por cada cosa emocionante que diga el pastor. Pero rara vez se ve su nombre en una lista de suscripciones, mi querida señora. Las lágrimas son más baratas. Una vez trató de comentarme que la tÃa Martha era un ama de casa muy sucia y yo tuve ganas de decirle: «¡Todo el mundo sabe que usted ha preparado masas para sus tortas en la palangana de la cocina, señora Crawford!». Pero no se lo dije, mi querida señora, porque tengo demasiado respeto por mà misma para condescender a discutir con gente como ella. Pero podrÃa contar cosas peores que ésa de la señora Crawford si yo fuera una de esas personas a las que les gustan los chismes. Y en cuanto a la señora Davis, si me hubiera dicho eso a mÃ, mi querida señora, ¿sabe lo que le habrÃa dicho? Le habrÃa dicho: «No me cabe duda de que a usted le gustarÃa darle unos cuantos azotes a Faith, señora Davis, pero nunca tendrá la oportunidad de pegar a la hija de un pastor, ni en este mundo ni en el por venir».
—Si al menos la pobre Faith hubiera estado vestida decentemente —volvió a lamentarse la señorita Cornelia—, no habrÃa sido tan malo. Pero llevaba un vestido horrible y lo exhibió a conciencia en la plataforma.