El Valle del Arco Iris
El Valle del Arco Iris —La vi. Walter estaba con ella. Él se ganó una pequeña… muy pequeña, regañina. No me dijo mucho, pero me dio la impresión de que fue idea de él y que Faith no tenÃa la culpa.
—Yo no lo creo, mi querida señora —exclamó Susan, levantada en armas—. Es tÃpico de Walter echarse la culpa de todo. Pero usted sabe tan bien como yo, mi querida señora, que a ese bendito niño jamás se le ocurrirÃa montar en un cerdo, aunque escriba poesÃa.
—Ah, no hay duda de que la idea surgió de la cabecita de Faith Meredith —señaló la señorita Cornelia—. Y no digo que lamento que esos viejos cerdos de Amos Drew hayan tenido su merecido por una vez. Pero ¡la hija del pastor!
—¡Y el hijo del doctor! —acotó Ana, imitando el tono de la señorita Cornelia. Luego rió—. Querida señorita Cornelia, son niños. Y usted sabe que nunca han hecho nada malo, sólo que son descuidados e impulsivos, como lo fui yo también. Serán adultos serios y discretos, como yo llegué a serlo.
La señorita Cornelia también rió.