El Valle del Arco Iris
El Valle del Arco Iris —Lo cual me recuerda que tengo invitados a tomar el té mañana y tengo que irme a casa a preparar el pan —dijo la señorita Cornelia—. Mary dice que ella puede amasar, y no dudo de que sea asÃ. Pero mientras esté viva y pueda hacerlo, yo amasaré mi propio pan, pueden creerme.
—¿Cómo va Mary? —preguntó Ana.
—No tengo nada que criticarle —declaró la señorita Cornelia con aire algo adusto—. Está engordando un poquito y es limpia y respetuosa, aunque hay más en ella de lo que yo puedo descubrir. Es una muchachita astuta. Ni hurgando durante mil años podrÃa uno llegar al fondo de la mente de esa niña, ¡créanme! En cuanto al trabajo, nunca he visto a nadie igual. Se come el trabajo. La señora Wiley habrá sido cruel con ella, pero nadie puede decir que la hacÃa trabajar. Mary nació trabajadora. A veces me pregunto qué se le gastará primero, si las piernas o la lengua. Ahora no tengo suficientes faenas para no estar ociosa. Estoy deseando que empiecen las clases, porque entonces tendré otra vez algo en qué ocuparme. Mary no quiere ir a la escuela, pero yo me he impuesto y le he dicho que tiene que ir. No voy a permitir que los metodistas digan que le impedà ir a la escuela para regodearme en el ocio.