El Valle del Arco Iris
El Valle del Arco Iris —Parece un ángel, pero es terriblemente traviesa, mi querida señora —dijo Susan, muy solemne—. Yo estaba en la rectorÃa una noche de la semana pasada y estaba también la esposa de James Millison, que les habÃa llevado una docena de huevos y un tarro con leche; un tarro muy pequeño, mi querida señora. Faith cogió todo y fue a llevarlo al sótano. Casi al final de la escalera tropezó y cayó rodando junto con la leche, los huevos y todo. Se imaginará el resultado, mi querida señora. Pero la niña vino riendo y diciendo: «No sé si soy yo o si soy un flan». La señora Millison se enfadó mucho. Dijo que nunca más llevarÃa nada a la rectorÃa si iban a desperdiciar y destruir las cosas de esa forma.
—MarÃa Millison nunca se esforzó demasiado por llevar cosas a la rectorÃa —señaló con un dejo desdeñoso la señorita Cornelia—. Aquella noche llevó algo como excusa para calmar su curiosidad. Pero la pobre Faith siempre se mete en lÃos. Es tan despistada e impulsiva…
—Como yo. Me gustará esa chica —declaró Ana, muy decidida.
—Tiene valor y a mà me gusta el valor, mi querida señora —señaló Susan.