El Valle del Arco Iris
El Valle del Arco Iris —Hay algo muy atractivo en ella —admitió la señorita Cornelia—. Siempre se la ve riendo y de alguna manera siempre te da ganas de reÃr. Ni siquiera en la iglesia puede estar seria. Una tiene diez años y es una criatura muy dulce, no bonita, pero sà dulce. Y Thomas Carlyle tiene nueve. Le llaman Carl y tiene la manÃa de coleccionar sapos, bichos y ranas y llevarlos a casa.
—Supongo que él fue el responsable de la rata muerta que encontraron en una silla de la sala la tarde en que los visitó la señora Grant. Ella se impresionó mucho —dijo Susan—, lo cual no me extraña; la sala de una rectorÃa no es el lugar más apropiado para encontrar una rata muerta. Claro que pudo haber sido el gato el que la dejó allÃ. Ése sà que tiene todos los demonios que le caben en el cuerpo, mi querida señora. En mi opinión, el gato de una rectorÃa deberÃa por lo menos tener un aspecto respetable, sea lo que fuere en realidad. Sin embargo, nunca he visto un animal tan libertino. Casi todos los dÃas, al atardecer, camina por el techo de la rectorÃa moviendo la cola, mi querida señora, y eso es impropio.