El Valle del Arco Iris
El Valle del Arco Iris —Dios lo bendiga por creerlo, pero me temo que no —masculló Ellen—. Nunca pasa el tiempo para que los hombres y las naciones se vuelvan animales y empiecen a guerrear. El milenio no está tan cerca, señor Meredith, y usted piensa igual que yo. En cuanto al kaiser, recuerde mis palabras, va a causar muchos problemas. —Y la señorita Ellen hundÃa enfáticamente su largo dedo en el libro—. SÃ, si no lo detienen mientras se esté a tiempo, va a causar muchos problemas. Nosotros viviremos para verlo, usted y yo viviremos para verlo, señor Meredith. ¿Y quién va a detenerlo? Inglaterra deberÃa hacerlo, pero no lo hará. ¿Quién va a detenerlo? DÃgamelo, señor Meredith.
El señor Meredith no podÃa decÃrselo, pero se sumieron en una conversación sobre el militarismo alemán que duró hasta mucho después de que Rosemary hubiera hallado el libro. Rosemary no decÃa nada; se quedó sentada en una pequeña mecedora detrás de Ellen acariciando meditativa un enorme gato negro. John Meredith solucionaba problemas cruciales de Europa con Ellen pero miraba con mayor frecuencia a Rosemary; Ellen se dio cuenta. Cuando Rosemary volvió de acompañarlo hasta la puerta Ellen se puso de pie y la miró acusadoramente.
—Rosemary West, ese hombre tiene intenciones de cortejarte.