El Valle del Arco Iris
El Valle del Arco Iris Rosemary se estremeció. Las palabras de Ellen fueron como un golpe. Despojaron la hermosa velada de todo su encanto. Pero no quiso que Ellen viera cuánto la habÃa lastimado.
—Qué tonterÃa —dijo, riendo, casi con demasiada indiferencia—. Me ves un pretendiente detrás de cada arbusto, Ellen. Me ha contado toda la historia de su esposa esta noche, todo lo que ella significaba para él y lo vacÃo que habÃa quedado el mundo para él después de su muerte.
—Bien, ésa puede ser su manera de cortejarte —replicó Ellen—. Tengo entendido que cada hombre tiene un estilo diferente. Pero no olvides tu promesa, Rosemary.
—No es necesario que olvide ni recuerde nada —señaló Rosemary, algo cansada—. Te olvidas de que soy una vieja solterona, Ellen. Es sólo tu imaginación fraternal que aún me ve joven, lozana y peligrosa. El señor Meredith quiere ser un simple amigo, si es que quiere tanto. Nos olvidará a las dos apenas regrese a la rectorÃa.