El Valle del Arco Iris
El Valle del Arco Iris Volvió a olvidarse de la reunión de oración, pero eso no importaba, porque era una noche de lluvia y no fue nadie. Habría olvidado el servicio del domingo de no ser por la señora Davis. El sábado por la tarde, la tía Martha fue a decirle que la señora Davis estaba en la sala y quería verlo. El señor Meredith suspiró. La señora Davis era la única mujer de la iglesia de Glen St. Mary a la que francamente detestaba. Por desgracia, también era la más rica, y la junta de administradores le había advertido que no la ofendiera. El señor Meredith rara vez pensaba en asuntos tan mundanos como su estipendio, pero los administradores eran más prácticos. Eran, además, astutos. Sin mencionar el dinero, lograron imbuir en la mente del señor Meredith la convicción de que no debía ofender a la señora Davis. De lo contrario, probablemente él la habría olvidado apenas se fuera la tía Martha. Pero, siendo como eran las cosas, dejó su libro con un sentimiento de irritación y cruzó el vestíbulo hasta la sala.
La señora Davis estaba sentada en el sofá, mirando alrededor con aire despectivo.